Eso quizá sea peor para los mercados que una mala noticia definitiva. Es decir, que, si Trump lo hubiera rechazado totalmente, México y Canadá sabrían a qué atenerse, pero así, el fantasma de la maldita incertidumbre mantendrá en vilo la producción, los empleos, las exportaciones y las inversiones directas en el país.
Los inversionistas pueden adaptarse a casi cualquier regla, pero lo que no soportan es la incertidumbre y esta decisión seguramente se verá reflejada en las acciones y en la Bolsa.
Ahora México y Canadá se sujetarán a revisiones periódicas, ajustes y nuevas negociaciones prácticamente cada año, lo que para muchos especialistas equivale a mantener abierta una negociación permanente con Washington.
El impacto puede sentirse precisamente donde más duele: inversiones de largo plazo, nearshoring, cadenas de suministro y decisiones industriales que requieren horizontes de diez o quince años.
En pocas palabras: Trump no rompió el T-MEC, pero decidió mantenerlo en vilo bajo correa corta.
Y conociendo el estilo del presidente estadounidense, no pocos empresarios sienten que la certidumbre económica de Norteamérica quedó ahora sujeta al humor político de Washington.
Nahle mete mano al viejo problema del transporte concesionado
Si algo pedían desde hace años los usuarios del transporte en Veracruz era simple: que alguien atendiera el problema y hablara con claridad.
Y parece que el tema y exigencia popular de usuarios del transporte finalmente llegó a la mesa principal del gobierno estatal.
Durante el aniversario de la Guardia Nacional, la gobernadora Rocío Nahle dejó una frase que puede marcar el rumbo de lo que viene: "Hay espacio para todos, pero con orden".
La referencia fue directa al conflicto entre transportistas concesionados y plataformas digitales, pero el fondo del asunto es mucho mayor.
Al hablar de orden se debió referir al problema del transporte público y concesionado en Veracruz que no nació ayer.
Durante décadas el sistema de concesiones terminó convirtiéndose en instrumento de control político, concentración de permisos y privilegios heredados de administración en administración, que al final del tramo quien terminó pagando las consecuencias fue el usuario.
Tarifas cuestionadas, servicio irregular, unidades deterioradas y pocas opciones para los ciudadanos.
Por eso el debate ya no solo de taxis vs apps. El verdadero debate es cómo construir un sistema moderno, eficiente y competitivo que beneficie primero al usuario.
Si la administración estatal logra ordenar el sector sin excluir a nadie y garantizando reglas claras para todos, probablemente ganarán los concesionarios, las plataformas y, sobre todo, los veracruzanos.
Porque como dijo la gobernadora: hay espacio para todos, pero hacía falta alguien que se atreviera a poner orden y Rocío Nahle es capaz de hacerlo.
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