Lo que son las cosas, hace un siglo los revolucionarios mexicanos que representaban a la izquierda nacional luchaban porque se respetaran los emolumentos de los trabajadores, y elevaron a categoría constitucional esa solicitud apenas ganaron la guerra contra el dictador Porfirio Diaz y el usurpador Victoriano Huerta.
Una de las exigencias era que desaparecieran las tiendas de raya de las haciendas, que esquilmaban a los campesinos, y en nuestra Carta Magna quedó consignado que el pago al trabajador era sagrado, intocable y tenía que ser íntegro.
Con sus idas y sus vueltas, los patrones respetaron cuando menos la exigencia de entregar en tiempo y forma el sueldo, completo, y se convirtió en una garantía sumamente vigilada.
Y ahora resulta que los izquierdistas de este siglo XXI, como se autodenominan los seguidores de AMLO, volvieron a desinmacular el salario bendito de los trabajadores. En lugar de la tienda de raya, muchos funcionarios del cambio, traidores a la patria y a sus conciencias, inventaron el moche como una costumbre letal y extendida en contra de los integrantes de la burocracia.
El rumor dice que los moches florecieron sobre todo en el Gobierno de Cuitláhuac García, y no es gratuito que las dos diputadas hasta ahora señaladas de exigirlos (Dorheny y Victoria Gutiérrez) provienen del grupo cercano del criticado gobernante.
Mucho habrá que explicar la 4T y tendrá poner en orden (¿y en prisión?) a sus desbocados funcionarios que creen que pueden esquilmar a pueblo, y que la ley no es la ley.
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