Y podría ser todo eso que los lopezobradoristas quieran que sea, pero en el papel oficial no es más que un ciudadano común y más corriente que muchos mexicanos. No tiene ningún nombramiento; no ha hecho nada por el país o por el Gobierno; nunca ha sido votado mas que por el dedo elector de su solícito padre.
Realmente, lo único que sí ha sido, es navegar como un junior aprovechado de la posición paterna, lo que le ha servido para hacer negocios, para treparse como un directivo temporal de Morena, para huir apasionadamente de las responsabilidades y la culpas.
Sí es definitivamente un dolor de cabeza para su progenitor; para los jerarcas de todos los pisos de la Cuarta Transformación, incluido el sótano; para los directivos del partido Morena; para la Presidencia de la República; para el Gobernador de Tabasco. Y dicen que hasta para algunos líderes de cárteles.
Por favor, suplicamos, rogamos muchos que alguien le diga a él y a sus hermanos y a su papi que no es el receptáculo de la soberanía nacional, ni el cachorro de la 4T, ni el paladín de la no injerencia (héroe, si acaso, de la ingerencia de manjares de lujo en restaurantes carísimos, lo que no afecta su austeridad por la gloria del padre).
Nunca será un corresponsal considerado por el POTUS Donald Trump, al que le manda cartas sin razón (¡Uuuufemia!) que nunca serán aceptadas ni leídas en la correspondencia de la casa Blanca. Y mucho menos un consejero áulico del güero mejillas de naranja, a quien le viene guango lo que le pueda decir este chamaco.
Andrés Manuel López Beltrán no es ni siquiera eso. Es solamente Andy, aunque llore. No llega ni a Andrés Manuel chico. Sólo Andy, así, en diminutivo: Andicito.
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