Pero a la presidenta Claudia Sheinbaum se le acaba de ocurrir que eso de la nacionalidad múltiple que permite el artículo 32 de nuestra Carta Magna, es un tema que hay que discutir, como si fuera tan importante. Y hasta llegó a mandar ayer mismo una iniciativa para modificar los artículos 82, 116 y 122 de nuestra ley de leyes para prohibir que mexicanos que tengan otra nacionalidad adicional puedan aspirar a ser Presidente de la República, Gobernador de algún estado o Jefe de Gobierno de la CdMx.
Eso se sumaría a la reserva de que los integrantes de las fuerzas armadas deben ser mexicanos por nacimiento y no tener otra nacionalidad, al igual que quienes ocupen cargos en dependencias de seguridad nacional, aduanas, capitanías de puerto y otras áreas estratégicas, “para evitar conflictos de lealtad.”
Lo que se hace sospechoso es que se traiga a colación ese tema secundario cuando hay asuntos de especial urgencia que tratar en estos tiempos difíciles y extraordinarios, como la violencia manifiesta del crimen organizado, los problemas económicos del Gobierno y del país, la deuda pública creciente, los miles y miles de desaparecidos que no se encuentran ni se buscan.
Eso de ponerse a discutir un tema que en lo superficial podría parecer del nacionalismo más puro, no es más que una caja china que buscar desviar la atención nacional de los problemas candentes que nos agobian a todos los mexicanos.
Como el inmenso poder que acumulan las autoridades que se autodenominan de la Cuarta Transformación, o la falta de democracia y la intervención en las elecciones, o las agresiones oficiales a protagonistas de la oposición, como la viuda Grecia Quiroz, el exgobernador Ernesto Ruffo Apel, el partido Somos México, los verdaderos periodistas críticos y tantos más.
O la sobreprotección a funcionarios señalados por una posible colusión con el narcotráfico o con el manejo del huachicol fiscal.
¿Doble o triple nacionalidad? La verdad es que hay cosas mucho más importantes como para estar perdiendo el tiempo en discusiones bizantinas.
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