Nacido en 1946, cuando transcurría la mitad de los años 60 el veinteañero Francisco Hernández se fue a México para estudiar publicidad, a lo que se ha dedicado digamos de lleno, mientras ocupaba sus ratos libres en conocer, ensayar y sublimar su estro poético. Tal vez ahora, a la luz de tantos premios que ha ganado, debíamos decir que dedicó su vida a la poesía y en sus ratos libres ha sido publicista.
Seguro Francisco en su natal San Andrés ganó algún premio en la primaria o la secundaria, y seguro lo recuerdan sus paisanos cuando le agradecen la grandeza de su talento, y las horas y desvelos acumulados para ir formando esa obra monumental que lo convierte en uno de los mejores poetas de México y, con el tuxpeño José Luis Rivas y el acayuquense Orlando Guillén, en uno de los tres grandes creadores veracruzanos vivos.
Va muestra de sus grandezas:
Quitar la carne, toda,
hasta que el verso quede
con la sonora oscuridad del hueso.
Y al hueso desbastarlo, pulirlo, aguzarlo
hasta que se convierta en aguja tan fina,
que atraviese la lengua sin dolencia
aunque la sangre obstruya la garganta.
Hecho de memoria
Para Jorge Esquinca
El poeta no duerme:
viaja por la cuerda del tiempo.
El poeta está hecho de memoria:
por eso lo deshace el olvido.
El poeta no descansa:
el tiempo lo desgasta
para probar que existe.
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