El resultado sorprendió incluso a los propios integrantes de la familia: un café de variedades Marsellesa y Geisha, procesado por vía natural, obtuvo 91.4 puntos en la evaluación de la Specialty Coffee Association y el segundo lugar del certamen, según los antecedentes compartidos por la finca.
Aquella experiencia abrió nuevas posibilidades. La familia Loeza comenzó a experimentar con distintos procesos, perfeccionar el manejo del cafetal y buscar una expresión propia del café cultivado en las tierras de San Pablo Coapan.
Y los resultados continuaron.
En 2026, Finca El Izote anunció haber obtenido el primer lugar en la categoría Honeys Naturales de Taza de Excelencia México, con un lote de café Geisha Honey. Un reconocimiento que, de acuerdo con la información proporcionada por sus productores, representa uno de los mayores logros de su trayectoria.
Detrás de este resultado están el propietario, Carlos Hugo Loeza Sánchez; Katia de Jesús Loeza Merino, responsable de presentar el lote, y todas las personas que participan en las labores de producción y procesamiento.
Su historia demuestra que la tradición no está peleada con la innovación. Al contrario, cuando el conocimiento acumulado durante generaciones se combina con la disposición a experimentar y mejorar, los resultados pueden trascender las fronteras.
Y hay una lección adicional: Veracruz cuenta con productores capaces de competir en mercados especializados, donde la calidad, el cuidado de los procesos y la identidad del producto pueden marcar la diferencia.
Por eso vale la pena mirar hacia San Pablo Coapan. Mientras sus familias cultivan las flores que adornan los altares de Todos Santos, también trabajan la tierra para producir café con calidad internacionales.
A veces buscamos fuera del estado aquello que tenemos más cerca. Nos acostumbramos a reconocer las regiones de siempre y dejamos en segundo plano a comunidades que también construyen prestigio para Veracruz.
Finca El Izote merece ser conocida, visitada y reconocida por el trabajo que realiza. Su historia es un recordatorio de que el desarrollo rural también se construye con innovación, calidad y oportunidades para las nuevas generaciones.
Y como diría Pancho López, el filósofo ateniense xalapeño:
“¡Mira nada más! Mientras algunos se pasan la vida vendiendo humo, en San Pablo Coapan hay una familia que aprendió a vender café de excelencia. Y ese sí que se demuestra en la taza, no en el discurso”.
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