Y hoy lo relevante no fue solo el cargo, sino el tono: ni siquiera la oposición le regateó capacidades diplomáticas, técnicas y políticas a Roberto Velasco Álvarez.
Eso, en tiempos de radical polarización, no es poca ni menor cosa.
Sin contar con que su gestión pública ha sido elogiada no solo por la presidenta Sheinbaum, sino también en su momento -y en abierto- por sus exjefes Marcelo Ebrard y por Juan Ramón de la Fuente.
Velasco llega con algo que MORENA necesitará en la próxima etapa: sangre nueva, perfil internacional y distancia de los grupos más radicales.
Todavía no está entre los punteros naturales del movimiento, claro. Pero desde hoy ya entró al radar de los presidenciables de largo plazo. Porque si logra ejecutar con disciplina la línea diplomática de Sheinbaum, sostener la relación con Washington y navegar entre las crisis internacionales, esta fecha podría leerse después como algo más que un simple relevo administrativo.
Podría ser el día en que nació un nuevo actor del tablero 2030.
La pregunta que desde hoy empezará a circular en cafés, columnas y sobremesas es simple: ¿nuevo canciller o pieza de la próxima sucesión presidencial? |