Hay ocasiones en que algunos análisis políticos parecen escritos para que, si ocurre el desastre, el autor diga "se los advertí"; y si no ocurre, simplemente pase a la siguiente advertencia. Ahí es donde el "podría" se vuelve un refugio muy cómodo.
Porque advertir riesgos es una obligación de economistas, analistas y articulistas. Ignorarlos sería irresponsable. Pero también es cierto que cuando un escenario hipotético se repite una y otra vez, termina produciendo efectos políticos reales, aunque nunca llegue a concretarse.
El viejo recurso del "podría pasar" tiene una ventaja: nadie puede demostrar hoy que ocurrirá; ni tampoco que no ocurrirá. Y ahí radica su fuerza. No necesariamente porque exista mala fe, sino porque el miedo suele viajar más rápido que los datos.
Por eso quizá la mejor pregunta no sea qué podría ocurrir mañana, sino qué está ocurriendo hoy. Porque entre los hechos y las hipótesis existe una diferencia fundamental: los primeros pueden medirse; las segundas pueden multiplicarse indefinidamente.
|