Veo a la Señora Enojada que hace el papel de la que manda acusar con dedo flamígero a los de la derecha de ser antidemocráticos cuando ella y sus correligionarios están acabando con lo poco que habíamos avanzado en el terreno de elecciones confiables; la escucho cuando acusa de corruptos a los de enfrente y oculta las vigas en los propios ojos; cuando -¿exageración, cinismo?- tilda de mentirosos a sus adversarios desde su boca de la que salen solamente falsedades, cada vez más evidentes ante el testimonio de la realidad que nos acongoja.
Me indigno verdaderamente cuando leo que la lideresa nacional del partido Morena afirma que en ¡Europa voltean a ver con interés el sistema de salud de México” y que “hoy es referente internacional, resultado del trabajo del presidente Andrés Manuel López Obrador y de la Cuarta Transformación”. ¡No se vale ese atentado contra la inteligencia de los mexicanos! ¿Cree la compañera que somos tan crédulos como cierta esposa engañada?
Bueno, y ahí está también Adán Augusto, que no alcanza a revelar qué es lo que lo orilló a dejar el jugoso liderato de la Jucopo del Senado. Y dice, lleno de mentira en la lengua, que se va porque “cumplió un ciclo” y que “Hablé con quien debía hablar”. Vamos, según él su colapso político no es porque está inundado en señalamientos por sus negocios chuecos con el narcotráfico y con los presupuestos públicos. Y acusa a la oposición de ser y hacer lo que él es.
Quien acusa falsamente, en realidad se muestra en toda su bajeza, y en eso han terminado los tan prometedores salvadores de la nación a los que les creímos hace siete años.
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