Astrolabio Político.
Luis Ramírez Baqueiro.
 

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La amistad, la última noticia
2026-03-02

“Amigo es no solo quien perdona un error, sino también quien ayuda a que no vuelva a cometerlo”. – Sócrates.


En el periodismo —ese oficio que se ejerce con la cabeza fría y el corazón expuesto— pocas cosas resultan tan decisivas como la amistad. No la complicidad interesada ni la cercanía utilitaria, sino la amistad verdadera: la que acompaña en las batallas diarias, en las diferencias editoriales, en las discusiones que parecen irreconciliables y en los silencios compartidos tras una jornada difícil.


Hoy, cuando la partida repentina de Walter Ramírez Aguilar nos deja suspendidos en una mezcla de incredulidad y dolor, la reflexión se vuelve inevitable. La vida —tan frágil, tan breve— se nos revela como una suma de momentos, de hechos y circunstancias, buenas, regulares o adversas, que al final construyen una historia y, sobre todo, una enseñanza.


Decía Octavio Paz que “amar es desnudarse de los nombres”. La amistad, en el periodismo, es algo semejante: es despojarse de los cargos, de las filias y las fobias, de las líneas editoriales, para reconocerse en lo esencialmente humano. Es mirarse más allá de la nota, más allá del encabezado, más allá de la coyuntura.


En un gremio donde las diferencias ideológicas suelen convertirse en trincheras, la amistad es un acto de valentía. Recordaba Jorge Luis Borges que uno no es lo que es por lo que escribe, sino por las lealtades que sostiene. Y sostener la lealtad en el periodismo implica respetar al otro incluso cuando se discrepa, implica comprender que el debate no está reñido con la dignidad.


Gabriel García Márquez afirmaba que la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla. Walter deja precisamente eso: una memoria viva de conversaciones interminables, de proyectos compartidos, de sueños que quedaron a mitad del camino, pero que no por ello pierden su significado. En cada colega que lo recuerda hay una historia que merece ser contada.


También Julio Cortázar sostenía que nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo. La muerte de un amigo nos obliga a empezar de nuevo, pero desde la conciencia de la fragilidad. Nos recuerda que no somos eternos, que el aplazamiento constante de los abrazos y las palabras pendientes es un error que el tiempo no siempre nos permite corregir.


Pablo Neruda escribió que podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. La amistad verdadera es esa primavera: puede apagarse una voz, puede cerrarse una libreta, puede quedar inconclusa una columna; pero el testimonio de honestidad, de empatía y de transparencia permanece.


En el periodismo, donde las batallas son cotidianas y los intereses múltiples, donde las presiones y las pasiones suelen tensar el ambiente hasta el límite, la amistad se convierte en un refugio y en un recordatorio ético. Nos obliga a preguntarnos si estamos honrando el oficio o traicionándolo; si estamos construyendo puentes o levantando muros.


Mario Vargas Llosa ha dicho que la literatura es fuego. El periodismo también lo es. Pero ese fuego no debe consumir nuestra humanidad. De nada sirve la primicia si en el camino perdemos la capacidad de ser empáticos, de tender la mano, de reconocer al otro como compañero y no solo como adversario.


Y como advertía Carlos Fuentes, el pasado no está muerto mientras haya alguien que lo recuerde. Walter Ramírez Aguilar no está muerto mientras su ejemplo de transparencia y cercanía siga interpelándonos; mientras su recuerdo nos obligue a ser mejores colegas y mejores personas.


Su partida repentina nos deja un vacío imposible de llenar y la dolorosa certeza de que no hubo un “hasta luego”. Pero también nos deja la lección más profunda: la vida se construye de instantes, y la amistad es uno de los pocos legados que verdaderamente trascienden.


Hoy el periodismo pierde a un hombre de sueños y proyectos. Nosotros perdemos a un amigo. Y en ese duelo compartido, comprendemos que la mayor noticia no es la que se publica, sino la que se vive.


Descansa en paz, querido amigo Walter Ramírez Aguilar, vuela alto. Tu ausencia duele, pero tu amistad permanece. Mi abrazo solidario a su compañera de vida Marissa, y a todos quienes tuvimos el privilegio de honrar tu amistad.


Al tiempo.


astrolabiopoliticomx@gmail.com


“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx

 
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