Sí, hubo afectaciones. Negarlo sería irresponsable. Pero también es cierto que desde el primer momento se activaron acciones coordinadas para contener y limpiar las playas. La propia gobernadora ha sostenido encuentros con distintos actores, incluida la presidenta municipal de Boca del Río Maryjose Gamboa, en un intento por dar seguimiento institucional y no partidista a la situación.
Lo que hoy debería ser prioridad —la recuperación ambiental y el respaldo a las comunidades costeras— ha sido desplazado por una narrativa que busca capitalizar políticamente una contingencia.
Y es aquí donde vale la pena hacer una pausa.
No se trata de cualquier litoral. Las playas de Veracruz no solo son un destino turístico: son parte del origen mismo de nuestra historia. Fue en estas costas donde desembarcó Hernán Cortés, marcando el inicio de una nueva etapa para el continente. Son, en muchos sentidos, las primeras playas del llamado Nuevo Mundo.
Reducirlas a una imagen momentánea de contaminación —en medio de un proceso activo de limpieza— no solo es injusto, es una falta de perspectiva.
El debate público no debería centrarse en quién gana políticamente con la crisis, sino en cómo se resuelve. Porque mientras algunos insisten en el desgaste, hay equipos trabajando en campo, hay comunidades esperando respuestas y hay un ecosistema que necesita atención urgente.
Criticar es válido. Exagerar, no.
Hoy más que nunca, Veracruz necesita menos golpeteo y más responsabilidad. Porque sus playas —históricas, simbólicas y vivas— merecen algo más que convertirse en bandera de disputa.
Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes.
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