El “¿Y si sí?” coreado en el Azteca vino a sustituir a otra frase ingeniosa de nuestro ingenio popular, el mexicanísimo “¿No que no?” Pero la diferencia es que la nueva es totalmente afirmativa, contra la negatividad manifiesta de la más antigua.
Fanáticos que no dejan de querer politizar las porras manifiestas de la afición futbolera aseguran que el “¿Y si sí?” afirmativo, ciudadano, lleno de posibilidades se impuso sobre el “¿No que no?”, negativo, gobiernista, con un tufo a lopezobradorismo en su planteamiento reduccionista, limitador, castrante de ilusiones.
La Cuarta Transformación terminó por hartar hasta a la fanaticada futbolera que acudió a los estadios a corear los ocho goles de nuestros muchachos, pero también a gritar consignas en contra de la presidenta Claudia Sheinbaum, que no logra concitar ningún tipo de simpatía popular, y también en su pedimento omnipresente:
“¡Fuera Morena! ¡Fueera Morena! ¡Fueeera Morena!”
Aparte de las efusiones en contra del régimen, los mexicanos se dieron el tiempo y la oportunidad de ser felices un rato, de olvidar nuestra terrible situación nacional, de apartar un momento de la mente los yerros del Gobierno guinda, las desapariciones, los crímenes, las corruptelas.
Después de que las piernas nacionales se cubrieron de gloria contra Ecuador, las plazas de todas las ciudades y los pueblos fueron tomadas por las multitudes eufóricas. Por un momento eterno, todo fue alegría, entusiasmo, empecinamiento ante el triunfo por fin conseguido.
Y lo repito: es que esta vez los otrora ratones verdes jugaron como siempre y ganaron como nunca, y rompieron la maldición de nuestra baja estima: jugaron como nunca y perdieron como siempre.
Ahora jugaremos el quinto partido, como siempre lo hemos hecho en los mundiales que se han jugado en nuestras canchas, pero vamos por el sexto inimaginado, el sexto soñado, el sexto mágico.
Todo puede suceder en este Mundial para el equipo de México:
¿Y si sí?
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