Por ejemplo, un chairo fanatizado diría que no hay que hablar de segundos pisos o de otras cosas parecidas, porque después de la Cuarta Transformación lo que sigue es el Quinto Partido.
Un ocurrente podría afirmar que no hay Quinto (Partido) malo.
Un enamorado le llevaría serenata a la dueña de sus suspiros y entre canción y canción del trío infaltable le recitaría un apasionado fervorín que terminaría con la frase: “Te querré siempre, hasta que se realice el Quinto Partido”.
Y un tiempo más adelante, ya en plan de boda, le pediría al presbítero oficiador de la ceremonia que los declarara marido y mujer, “hasta que el Quinto Partido los separe”, y lo que Dios una en la tierra que el hombre no lo separe en la cancha.
Un burócrata pediría al solicitante la constancia de no haber jugado el Quinto Partido (o de sí haberlo jugado, en su caso).
Y el cronista urbano corregiría que no es Quinto Partido, sino Quinto Patio.
O el especialista en rondas infantiles, que cantaría: “Naranja dulce, Quinto Partido”.
Ah el, verdulero serviría cuatro limones enteros, y el quinto partido.
Los ingleses -que serán nuestros incómodos rivales el próximo domingo-, para no olvidar a sus ídolos, proponen que en lugar del Quinto Partido sea el Quinto Beatle.
Como sea, tal vez el próximo domingo a las 8 de la noche estaremos celebrando a gritos y arrempujones que nuestra selección ganó el quinto y va por el sexto.
Pero esa sería otra historia.
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