Es cierto que hubo delitos considerados menores que aumentaron significativamente por la presencia numerosa de turistas, sobre todo el robo de celulares y de carteras. Por desgracia, apenas nuestros muchachos fueron eliminados por los ingleses, repuntaron los homicidios hasta 50 diarios en promedio y así han seguido.
Vea usted lo mal que estamos, que de alguna manera festinamos que en esos 25 días milagrosos solamente fueron asesinadas 1,007 personas. Pero es que si no hubiera habido Mundial, habrían caído por homicidios dolosos 1,250 mujeres u hombres.
Junto a la violencia a la baja -a la bajísima-, se presentó un fenómeno también único que llenó de júbilo los corazones de muchos mexicanos sencillos y bondadosos, e insufló la esperanza de que como pueblo aún tenemos un alma y por eso un remedio como país: volvió la unidad y la concordia entre todos, congregados en el fervor futbolístico y en la enjundia que pusieron los jugadores conducidos por Javier el Vasco Aguirre (¡que él fuera nuestro Presidente de la República!).
Qué lástima que regresó la inseguridad, qué pena que se volvió a enseñorear la violencia… pero no dejemos que vuelvan la división y el encono entre paisanos, ésas que AMLO y sus fanáticos han estado cultivando con tanto ahínco.
Ya les demostramos que podemos estar unidos de nuevo, que no hemos olvidado cómo abrazarnos, cómo reír y cantar otra vez, y cómo ser hermanos nuevamente, como antes lo fuimos.
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