Alma grande.
Ángel Álvaro Peña.
 

Otras entradas
2026-04-06 / Hay ayuntamientos que a 100 días de iniciado nomas no arrancan
2026-03-30 / Nuestras playas necesitan apoyo, no críticas
2026-03-27 / No todo es mayoría
2026-03-25 / Nahle y Sheinbaum: a 20 años del López Obradurismo
2026-03-23 / Cumbre Tajín 2026: identidad viva que impulsa desarrollo y orgullo
2026-03-20 / México ante el mundo: entre el Mundial y el caos
2026-03-18 / Dos Bocas es muestra del movimiento energético desde la política
2026-03-16 / Carreteras más seguras para viajar
2026-03-13 / México no se desacredita desde casa
2026-03-11 / El balón mundialista sigue rodando en nuestro país
 
Dos semanas para salvar el mundo
2026-04-08

El anuncio de un alto al fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán, promovido en el último minuto por Pakistán y respaldado por China, no es una victoria clara de la paz, sino una pausa cargada de tensiones, amenazas y contradicciones.


El protagonista indiscutible de este episodio es Donald Trump, quien una vez más llevó el discurso político al extremo. Amenazar con la desaparición de “toda una civilización” no solo roza los límites del derecho internacional: los dinamita. En ese contexto, el posterior anuncio del acuerdo parece menos un acto de liderazgo estratégico y más una maniobra de contención ante el riesgo real de una escalada incontrolable.


El punto neurálgico del conflicto, el Estrecho de Ormuz, evidencia por qué esta guerra nunca fue únicamente militar. Se trata de poder económico. Por ahí transita una parte sustancial del petróleo mundial, y su bloqueo no solo afecta a las potencias involucradas, sino que sacude los mercados globales.


Sin embargo, el acuerdo nace frágil. Apenas anunciado, ya había reportes de ataques en la región, incluyendo zonas del Golfo Pérsico y escenarios indirectos como el conflicto entre Israel y Hizbulá en Líbano. Esto revela una verdad incómoda: los conflictos contemporáneos ya no tienen un solo frente ni obedecen a un solo mando. Son redes de violencia donde las decisiones políticas tardan en traducirse en hechos en el terreno.


Más aún, el costo humano deja en evidencia la crudeza del enfrentamiento. Miles de civiles muertos —incluidos niños—, infraestructuras destruidas y una región entera al borde del colapso humanitario. Frente a esto, hablar de “victorias” resulta, cuando menos, ofensivo. Cada cifra es una historia truncada, una comunidad rota.


El alto al fuego de dos semanas no es una solución: es un respiro. Un espacio mínimo para que la diplomacia intente lo que la guerra ha sido incapaz de resolver. Pero también es una cuenta regresiva. Si en ese lapso no se construyen acuerdos sólidos, el conflicto podría reanudarse con mayor intensidad. Está columna se publica los lunes, miércoles y viernes.

 
Regresar a la Página Principal
Aviso de Privacidad
 
Comentarios
 
En Política al Día nos interesa tu comentario, es por eso que creamos este espacio para tí. Aquellos mensajes que contengan un contenido vulgar, difamatorio u ofensivo, serán eliminados por el administrador del sitio. Leer normas y políticas